Las velas parpadeaban en la penumbra de un velorio, proyectando sombras danzantes sobre el féretro. El olor a incienso y cera derretida impregnaba el aire, mezclándose con el murmullo de rezos apagados y el ocasional llanto sofocado. En medio de aquella escena lúgubre, un niño de apenas tres años jugaba ajeno al luto. Sus manitas tocaban el suelo frío mientras su mente infantil transformaba el ambiente en un patio de juegos improvisado.
El difunto, su tío, yacía inmóvil dentro del ataúd, quien murio repentinamente. La familia lo velaba con la resignación de quien ya había advertido su destino, pero nadie notó la inocente curiosidad que el niño sentía por el cuerpo inerte mientras jugaba alrededor del féretro.
Cuando la madrugada avanzó y el cansancio venció a los dolientes, los padres del niño lo llevaron a un cuarto donde dormían otros pequeños. Pero apenas unos minutos después, el llanto desgarrador del niño rompió el silencio.
—¡Gusanos! ¡Tengo gusanos en mi pantalon! —gritaba, pataleando en la oscuridad.
Alarmados, sus padres lo revisaron con detenimiento. No encontraron nada fuera de lo normal, pero el niño insistía, llorando y temblando. Al final, decidieron llevarlo a casa.
Aquella noche fue solo el inicio, ya que a partir de ese día, su vida no fue la misma, ya que cuando comenzaba a obscurecer el niño veía ojos rojos que lo veían. No solo eso… con el tiempo, las visiones cambiaron. Posteriormente, cuando intentaba dormir, veía brasas encendidas flotando en la oscuridad, moviéndose lentamente hacia él.
Día tras día, su estado empeoraba. No comía, no queria dormía, y sus ojos reflejaban un miedo indescriptible. Los médicos no encontraban explicación alguna, por lo que, desesperados, sus padres recurrieron a las curanderas del pueblo, aunque ninguna lo curo.
Un día visitaron a una mujer, tenia el rostro curtido por los años y mirada afilada, realizó una limpia con alumbre. Al quemarlo, el aire se tornó denso y un escalofrío recorrió la habitación cuando la figura de un sillón apareció entre las cenizas, la figura del sillón donde había fallecido su tío.
—El espíritu está atrapado —susurró la curandera—. No puedo sacarlo. Esto es más fuerte de lo que imaginan. Recomendó llevar al niño a un centro espiritista en la Cd. De México, pero el destino tenía otros planes.
Una maestra les habló de la iglesia de San Juan Chiquito en Toluca, comentándoles que hacían misas de Sanación para niños, y el día domingo había una misa de Sanación para adultos en “La Conchita” a las 12:00 p.m., como la misa en San Juan Chiquito ya había pasado, decidieron que irían a la misa del día domingo.
El día domingo llegaron temprano a “La Conchita” y toda la familia se sentó lo mas enfrente que pudieron, el padre Vidal comenzó la misa, los minutos transcurrieron y durante la misa le ungieron los santos óleos a los enfermos, la mamá pidió que se los pusieron también al niño. La misa terminó y los padres del niño vieron que el estado anímico del niño cambio totalmente, y por primera vez en días, su mirada se suavizó, ya no se veía asustado ni con miedo. Cuando llegaron a casa, les dijo a sus papás que tenía mucha hambre, cosa que les extraño porque el niño ya no quería comer, a partir de esa noche y por primera vez después de dos meses el niño pudo dormír con total tranquilidad.
Regresaron la semana siguiente, y en la segunda misa le rezaron al niño personas que tenían el don de lenguas, el terror se desvaneció por completo, el niño estaba curado.
Años después, ya convertido en adulto, intentó recordar lo sucedido. Solo una imagen persistía en su memoria: un paisaje desolado lleno de brasas ardiendo.
Nunca supo con certeza qué lo acechó aquella noche en el velorio. Solo una cosa era segura: *algo* se aferró a él…
Recomendaciones:
* No se deben llevar a niños pequeños a los velorios ni a los panteones.
* Las embarazadas no deben de ir a los panteones.
* No es bueno bañarse previo a ir a un panteón, ya que durante el baño los poros se abren y eres mas susceptible.
* Después de visitar un panteón, bañarse y cambiarse de ropa al llegar a casa.
Ubicación de la Iglesia de San Juan Chiquito:
Ubicada a un costado del mercado 16 de Septiembre en Toluca, Edo de México.
Barrio de Zopilocalco Sur, 50050
Toluca de Lerdo, Méx.
** Actualmente la misa de Sanación y Liberación se lleva a cabo los días viernes a las 11:00 am
Ubicación de “La Conchita”
Calle la Conchita No. 35
Colonia. Zimbrones, 51350
San Miguel Zinacantepec, Méx.
** Actualmente se siguen realizado misas los dias domingo a las 12:00 pm.
Por: Anahi Olivares